Los principales vestidores de la ciudad apuestan en estos lutos por la continuación de una línea evolutiva en favor de la imagen devocional sin renunciar ni a lo clásico ni al acuñe de la firma artística
Curro Claros, Francisco López, Francisco Navarro, Guillermo Briales y Javier Nieto aportan un parecer común en torno a la excelencia general de las imágenes en este año y, por ende, la importancia de alabar esta labor profesional “silente”
Las cofradías malagueñas han celebrado como es tradicional tanto el Día de Todos los Santos como el consecutivo de Fieles Difuntos. Un inicio de noviembre marcado por la solemnidad, el recuerdo a los finados y la preparación de eucaristías conmemorativas. En las parroquias, también se han llevado a cabo diferentes cultos anuales; tales como, al Santísimo Cristo de Ánimas de Ciegos, titular de las Reales Cofradías Fusionadas; al Santísimo Cristo de Ánimas, perteneciente a la Hermandad de la Misericordia; la veneración a Nuestra Señora del Sol del grupo parroquial homónimo; del Carmen Doloroso de la cofradía de Pedregalejo en los columbarios parroquiales; y los rosarios por los barrios de El Palo y El Perchel a partir de la Virgen de los Ángeles, de la Asociación de Fieles de Jesús ante Anás, y del Carmen Coronada, de la archicofradía que lleva el mismo nombre, respectivamente, entre otros actos en Fuente Olletas, Huelin, Carretera de Cádiz…
Este carácter riguroso y fúnebre insta incluso a las corporaciones con un mayor acento popular a llevarlo a cabo, véase en ejemplos anteriores como Carmen de El Perchel. En este sentido, toma partida significativamente en la puesta al culto de las imágenes, en especial marianas. Desde fechas tempranas de octubre, los tejidos más oscuros y sobrios han empezado nuevamente a hacerse con las distintas vestimentas. Centrándonos en las Vírgenes, ha sido tradicionalmente recurrente en la época de noviembre el uso en los tocados de las llamadas ‘tablas’ por encima del ‘rizo’, tal y como aseguró el vestidor Francisco López; “algunos con telas lisas y otras bordadas”, indicó. Características como esta, determinantes para describir patrones comunes, no solo en este año, sino en anteriores. La preferencia del liso por encima del encaje ha estado visiblemente extendida. Si bien, dependerá siempre del vestidor.
El especial cuidado en la elaboración de esos tocados o rostrillos se ha visto ligado a otro hecho; cada vez más optar por la plata en la composición general de la vestimenta. Esta estética la ha presentado titulares como Candelaria, integrando también el dorado, (Medinaceli), por su vestidor Pedro Gómez; Aurora (Aurora), Javier Nieto; Carmen Coronada (Carmen de El Perchel), por el granadino Álvaro Abril; tanto Lágrimas y Favores como Mayor Dolor (Fusionadas), por López; o Monte Calvario (Monte Calvario), por Guillermo Briales, quien este año en sus imágenes apostó más por los encajes. Así como, buscó “la austeridad en el tipo de tocado, más natural. Siempre con tejidos de calidad”.

“Este noviembre las imágenes en general han aparecido muy bien resueltas”, aseguró el vestidor malagueño Javier Nieto. A lo que añadió: “Otros años las vírgenes no han tenido tanta finura o han ido mas austeras, de mucho luto”. En sus cambios, Nieto declaró que no está reñida la sobriedad propia del luto con la elegancia que él las dota, “siempre respetando como prioridad la personalidad de la propia imagen”. Algo que coincidió con Briales: “En los cambios de luto en Málaga hay mucha calidad, clasicismo y elegancia”. A lo que puntualizó una puesta en escena de la imagen “donde cada una aporta algún rasgo significativo”. En concordancia con López, la forma “muy particular” de vestir en la ciudad hace ver “un estilo propio sin imitaciones” a muchas imágenes.

El color negro ha seguido cobrando especial relevancia. Si bien es cierto el uso de otros también oscuros. El morado o verde, o la composición del terno (saya y manto) a través de la variedad cromática han ido ganando presencia en los últimos tiempos. El bordado ha sido del gusto de vestidores que, como los ya mencionados, han optado principalmente en sayas. “En la mayoría, se optan por prendas bordadas en detrimento de las lisas”, apostilló López. Este global respecto al color o el bordado lo atesora las improntas que nos han dejado Merced (Humildad), Paz (Cena), Aurora (Aurora), Penas (Penas), Lágrimas y Favores (Fusionadas), Trinidad (Cautivo), Paloma (Paloma) o Gracia y Esperanza (Estudiantes), etcétera.


Dicho sea de paso la digna puntualización del arreglo a Nuestra Señora de Fe y Consuelo de la hermandad victoriana de Monte Calvario. Briales condujo su línea en esta ocasión por una estampa que ha supuesto la ruptura común al resto de dolorosas: característico terno de luto a modo de soledad mínima. Una idea que también hemos encontrado personalizada por Francisco Navarro en Santa María del Valle, titular del grupo parroquial de la barriada de La Paz. Una adaptación del luto castellano, que solo ha contado con un verduguillo. “El castellano esencialmente es como una sobrefalda blanca que lo cubría todo e incluía el verduguillo y el manto negro”. Explicó de forma pormenorizada Navarro un tipo de luto “que imita al que existía en la corte”. Este malagueño imprimió tintes variados a través de las distintas imágenes que viste, como Nueva Esperanza (Nueva Esperanza), Soledad (Sepulcro), Dolores y Esperanza (Humildad y Paciencia) o Consolación y Lágrimas (Sangre), etc.


Navarro destacó que para estos cambios de noviembre “se nota la escasez de vírgenes con ternos bordados negros”. En la misma consideración que Nieto en torno a la buena praxis general, sí aseguró: “Estos buenos resultados han sido sin muchos inventos”; “aunque este cambio siempre se presta un poco a ello, se han visto arreglos bastantes clásicos”, concluyó. Por ejemplo, López por su parte subrayó que el lucimiento “general” de las dolorosas este año ha sido gracias a la labor de sus vestidores, de quienes “es de alabar el trabajo silente”.
En definitiva, un elenco de vestidores que bebiendo de las corrientes de tiempos anteriores, han tomado partida por el arreglo minucioso y delicado hacia la perfección del detalle, combinado “con ajuares más cuidados”, según aseguró Briales. Y, buscando el equilibrio entre la personalidad de la imagen y el carácter del cambio con la elegancia y la riqueza del ajuar empleado. López también desarrolló que en Málaga “cada vez las dolorosas son ataviadas con prendas de más valor”; en relación a una línea evolutiva en las nuevas formas. Así, esta larga e ilustre tradición de rancio abolengo experimenta un continuo cambio en las maneras clásicas.






