HUMANIZANDO A… LUIS MARÍA PACETTI

Humanizando a… nace con un propósito sencillo: descubrir a la persona que existe detrás del personaje. Más allá de los titulares, los éxitos y la exposición pública, queremos acercarnos a las emociones, los recuerdos, los miedos, los sueños y las experiencias que han marcado la vida de quienes admiramos. Porque antes que artistas, deportistas, empresarios, comunicadores, etc., son seres humanos con historias que merecen ser contadas.

De las bambalinas del Cervantes a la consagración lírica: Luis María Pacetti se confiesa en «Humanizando a…»

Hay nombres que en Málaga evocan tardes de luz, el eco de una guitarra y la banda sonora imborrable de nuestras tradiciones más arraigadas. El apellido Pacetti está ligado indisolublemente al arte, a la docencia y a esa melodía celestial que tantas veces ha inundado el Teatro Cervantes o se ha fundido con nuestra Orquesta Filarmónica. Pero para quien escribe estas líneas, hablar de Luis María es evocar algo mucho más íntimo: es recordar el milagro de una voz que no solo estremece los escenarios, sino que también sabe aferrarse a la vida con una fe y una valentía ejemplares. Hoy, los caminos de la vida me sientan frente al gran tenor malagueño, un artista distinguido con el Premio a la mejor labor musical de la ciudad, pero, ante todo, un maestro de la cercanía. Para nuestra sección «Humanizando a…» en El Victoriano, dejamos a un lado el frac, las partituras y el aplauso unánime del público. Nos reencontramos con el hombre detrás del personaje, con el docente apasionado y con el corazón de un malagueño incondicional, en una conversación que destila memoria, superación y pura emoción.

1. ¿Quién eres realmente cuando nadie te está mirando? 
Alguien que piensa mucho, que dialoga constantemente consigo mismo (quizá demasiado). Una persona muy normal con gustos, ambiciones e inquietudes muy generalizados. 

2. ¿Qué recuerdo de tu infancia sigue acompañándote hoy? 
Estudié en Maristas sin ser victoriano, porque mi abuela vivía en calle Ferrándiz. Ahora soy victoriano por elección. Recuerdo cuando iba con amigos de Maristas a la biblioteca de la Casa de la Cultura que estaba sobre el Teatro Romano a leer enciclopedias de historia natural y a copiar dibujos de animales. También mis veranos en Torremolinos. 

3. ¿Qué le dirías al niño que fuiste? 
Estudia música, sobre todo, piano. 

4. ¿Cuál ha sido el momento que más ha cambiado tu vida? 
El momento en el que hice la prueba de ingreso en el Orfeón Universitario de Málaga, con 24 años y sin saber juntar dos corcheas. A partir de ahí, empecé a estudiar música y a compartir clase con niños de 8 años que me daban mil vueltas solfeando. 

5. ¿Qué miedo has tenido que vencer para llegar hasta aquí? 
Sobre todo, el miedo a decepcionar, a no alcanzar las expectativas. 

6. ¿Cuál ha sido la herida que más te ha enseñado? 
Las heridas te enseñan un poquito durante un tiempo limitado. Al poco tiempo vuelves a las andadas. Yo me prometí que iba a dedicarme más tiempo a mí y a mi mujer y en cuanto te descuidas te metes de nuevo en la vorágine de la exigencia profesional. Sin duda, la herida más dura fue la convalecencia y rehabilitación tras la Covid-19 


7. ¿Qué persona ha marcado tu vida para siempre y por qué? 
Mi mujer, Lourdes. Es mi guía, mi punto de partida y mi estación de destino. Es el motor de mi vida. 

8. ¿Qué sacrificio te ha dolido más hacer para conseguir tus sueños? 
No entiendo que haya hecho grandes sacrificios. Me gusta mi trabajo y no me duele renunciar a algunas cervecitas con los amigos porque tengo que cuidarme para una función. Ya habrá tiempo para todo. 

9. ¿Hay algo que la gente suele asumir sobre ti y que está muy lejos de la realidad? 
La gente piensa que soy muy hablador y es falso. Soy extrovertido, aunque en la intimidad soy muy calladito 

10. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste y qué provocó ese momento? 
La última vez fue de emoción, pero si me lo permites me lo quedo para mi esfera más íntima. 

11. ¿Qué es lo que más agradeces en esta etapa de tu vida? 
La tranquilidad. 

12. ¿Qué te sigue quitando el sueño? Las situaciones inciertas, que están lejos de mi control. Me gusta tener certidumbres. 

13. ¿Qué te devuelve la paz cuando todo parece derrumbarse? 
Mi casa y el pueblo de mi mujer, Sequeros, en la Sierra de Francia, al sur de Salamanca. 

14. ¿Cómo te gustaría que te recordaran cuando ya no estés? 
Hace poco ha fallecido un guitarrista amigo nuestro, Aníbal Soriano. Todo el mundo lo recuerda como el magnífico músico que era, pero sobre todo, por ser un buen tío. Yo también quiero suscitar una sonrisa cuando me recuerden. 

15. Cuando se apagan las cámaras, los focos y los aplausos… ¿quién queda? 
Un tío derrengao, loco por ir a la Mesonera, en la esquina de Cervantes, a tomarse una cerveza con su mujer y con sus amigos. 

Y así, después de dejar a un lado los títulos, los reconocimientos, los focos y todo aquello que el público conoce, llegamos al final de este encuentro con Luis María Pacetti.

Gracias por abrirnos una puerta mucho más difícil de atravesar que cualquier escenario, despacho, estudio o terreno de juego: la puerta de tu vida. Gracias por compartir recuerdos, emociones, heridas, sueños, miedos y esas pequeñas verdades que, al final, son las que realmente nos permiten conocer a la persona que hay detrás del personaje.

Porque eso es, precisamente, Humanizando a… detenernos por un instante, mirar más allá de lo que todos ven y descubrir que detrás de cada nombre conocido hay una historia, una infancia, unas luchas, unos silencios y un corazón que siente como el de cualquiera de nosotros.

Gracias, Luis, por regalarnos tu tiempo, tu cercanía y, sobre todo, tu verdad. Ha sido un placer conocerte un poco más, pero, especialmente, descubrir a la persona que permanece cuando se apagan los focos.

Y ahora que cerramos estas páginas, surge inevitablemente una nueva pregunta…

¿Quién será el próximo protagonista de “Humanizando a…” en El Victoriano?

Alguien conocido. Alguien con una historia que merece ser escuchada. Alguien que, quizás, creemos conocer… pero del que todavía nos queda mucho por descubrir.

La respuesta llegará muy pronto.

Porque detrás de cada persona hay una historia.

Y nosotros seguiremos aquí, dispuestos a leerla.

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