Cuando Borrajo habló de Fátima… y conquistó un templo entero

La Parroquia de Fátima vivió el pasado viernes 24 una de esas noches que no se repiten, en las que la emoción, la fe y el arte se entrelazan hasta dejar una huella profunda en la memoria colectiva. El templo, completamente lleno, acogió el pregón de la Procesión de Alabanza a Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en un ambiente de recogimiento expectante que pronto se transformó en conmoción compartida.

La velada se abrió con la presentación de la obra pictórica que servirá de base para el cartel anunciador de la procesión del próximo 9 de mayo, firmada por el pintor Andrés Tristán-Pertíñez. Se trata de una pieza que, en palabras de su propio autor, supone una ruptura con su estilo habitual: una mirada “casi icónica”, en la que la composición invita al espectador a fijar su atención directamente en la Virgen, con los tres pastorcitos a sus pies, en una escena de profunda espiritualidad y recogimiento.

Tras la presentación, tomó la palabra el pregonero de 2025, el también pintor-retratista Antonio Montiel, quien ofreció una semblanza sentida y elogiosa del encargado de pronunciar el pregón de este año, Ramón Borrajo, conocido popularmente como Moncho Borrajo.


Borrajo hizo su aparición portando una pequeña capilla doméstica de la Virgen de Fátima, realizada por él mismo, que se convertiría en el eje emocional y simbólico de todo el pregón. Desde el primer instante estableció un vínculo íntimo con los presentes, repartiendo rosarios y despertando la conciencia de lo esencial: la oración.

El acompañamiento musical del Cuarteto de Clarinetes de la Banda de Música de Zamarrilla elevó aún más la atmósfera, con interpretaciones que tocaron el alma y arrancaron una ovación unánime.


Lejos de protocolos, el pregonero ofreció un diálogo sincero con la Virgen, hablando del dolor del mundo, de la fe olvidada y del verdadero sentido del Rosario. Su voz se transformó en plegaria, y su palabra en testimonio vivo.

El momento culminante llegó con su canto a la Virgen, una súplica cargada de verdad que emocionó profundamente a todos los presentes.

El cierre fue sobrecogedor: un templo en pie, lágrimas contenidas y un silencio lleno de fe. Ramón Borrajo dejó de ser el artista para convertirse en un creyente que entregó su alma.

Una vez finalizado el acto se entregaron los respectivos recuerdos del mismo al Cuarteto de Clarinetes de Zamarrilla, al pintor Andrés Tristán-Pertíñez, al anterior pregonero Antonio Montiel y al pregonero Ramón Borrajo. No obstante, la Hermandad quiso tener con este último un gesto especialmente significativo: abriéndole la capilla de la Virgen y girándosela hacia él, le fue impuesta la medalla del 75 aniversario, previamente bendecida por el párroco de Fátima, el reverendo don José Luis Bellón.


Y cuando todo parecía haber terminado, quedó en el aire una certeza: lo vivido no fue solo un acto, fue una gracia compartida. Agradecimiento sincero a cada participante, a cada músico, a cada palabra pronunciada, a cada corazón abierto que hizo posible esta noche irrepetible.

Porque la Virgen de Fátima sigue llamando, sigue convocando, sigue reuniendo a su pueblo bajo el amparo de su mirada serena.

Por ello, desde lo más profundo, se invita a todos —creyentes, devotos y corazones inquietos— a acompañar a Nuestra Señora del Rosario de Fátima el próximo 9 de mayo. Que las calles se llenen de fe, que el Rosario vuelva a nuestras manos y que la esperanza camine con nosotros.

Que nadie falte a esta cita con la Madre.

Porque hay encuentros que no se explican… se viven.

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