El tenista malagueño remonta ante Rafael Jódar, conquista su primer Masters 1000 y firma la mayor victoria de su carrera en una final que ya forma parte de la historia del deporte español.
Málaga tiene desde hoy un nuevo motivo para sentirse orgullosa. Alejandro Davidovich Fokina ha conquistado el Masters 1000 de Shanghái tras imponerse al también español Rafael Jódar por 1-6, 7-6 (7-5) y 6-4, en una final vibrante que exigió al tenista malagueño algo más que talento: carácter, resistencia y una extraordinaria capacidad para sobreponerse a las dificultades.
El triunfo, conseguido este domingo 18 de octubre, supone el primer título de categoría Masters 1000 para Davidovich, el mayor logro de su trayectoria profesional y una victoria histórica para el tenis español. El malagueño se convierte, además, en el primer tenista español que conquista el torneo de Shanghái.
Una remontada que habla de su carácter
La final comenzó cuesta arriba para el representante malagueño. Jódar, una de las grandes revelaciones de la temporada, salió a la pista con decisión y se adjudicó el primer set por un contundente 6-1. Durante esos primeros juegos, el joven madrileño parecía tener el partido bajo control y Davidovich necesitaba encontrar respuestas ante un rival que no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad de su vida.
Pero los grandes campeones también se reconocen cuando las cosas se complican.
Lejos de rendirse, Alejandro comenzó a recuperar sensaciones, a competir cada punto y a buscar las soluciones que el encuentro le exigía. El segundo set se convirtió en una batalla de nervios y resistencia, con alternativas y momentos de máxima tensión, hasta desembocar en un desempate que el malagueño resolvió por 7-5.
Aquel tie-break cambió el rumbo de la final. Davidovich había conseguido algo fundamental: devolver la incertidumbre al partido y demostrar que todavía tenía mucho que decir.
En el tercer set, la igualdad volvió a poner a prueba a los dos tenistas. El malagueño encontró las oportunidades necesarias para romper el servicio de su adversario y supo conservar la ventaja hasta cerrar el encuentro por 6-4, después de aproximadamente dos horas y media de juego.
El último punto confirmó lo que ya era una realidad: Alejandro Davidovich Fokina acababa de alcanzar la cima de su carrera deportiva.
Málaga celebra a uno de los suyos
Hay victorias que trascienden el resultado. La conseguida en Shanghái pertenece a esa categoría porque detrás del marcador hay una historia de esfuerzo, aprendizaje y perseverancia.
Davidovich no levantó el trofeo de un torneo cualquiera. Lo hizo en uno de los nueve Masters 1000 del circuito ATP, una categoría de enorme prestigio, situada inmediatamente por debajo de los cuatro torneos del Grand Slam. Ganar una competición de este nivel supone inscribir el nombre propio entre los grandes protagonistas del tenis internacional.
Y ese nombre es el de un deportista malagueño.
Para Málaga, acostumbrada a celebrar el talento de sus deportistas y a reconocer a quienes llevan el nombre de la ciudad más allá de nuestras fronteras, el éxito de Alejandro representa una satisfacción especial. Su victoria proyecta la imagen de nuestra tierra en el escenario internacional y demuestra que el trabajo, la ambición y la capacidad de superación pueden abrirse paso incluso en los momentos más difíciles.
Hoy, el orgullo malagueño no necesita grandes discursos. Tiene una imagen: la de Davidovich celebrando una conquista que durante años había perseguido y que, después de una final exigente, ya forma parte de su historia personal.
Un rival a la altura de una final histórica
La dimensión del triunfo también se comprende al observar al adversario. Rafael Jódar, de solo 20 años, había alcanzado por primera vez una final de Masters 1000 y llegaba a Shanghái después de una trayectoria que confirma su proyección en el tenis profesional.
Su primer set fue una demostración de calidad y personalidad. Davidovich tuvo que trabajar para encontrar la manera de contrarrestarlo, y precisamente esa dificultad engrandece el resultado.
El encuentro, además, ofreció una final íntegramente española en una superficie dura, un acontecimiento especialmente significativo para el tenis nacional. Jódar perdió la oportunidad de levantar el trofeo, pero su actuación merece también el reconocimiento que corresponde a un joven que ha competido de tú a tú por uno de los títulos más importantes del circuito.
La victoria de Alejandro no necesita disminuir los méritos de su rival. Al contrario: haber ganado una final de semejante exigencia refuerza el valor de lo conseguido.
El premio a la perseverancia
El título de Shanghái se suma a los éxitos que Davidovich ha conseguido durante esta temporada en Chengdu y Mallorca. Sin embargo, el trofeo conquistado en China ocupa un lugar diferente: es su primera corona de Masters 1000 y el resultado más importante de su carrera hasta la fecha.
También tendrá consecuencias en la clasificación mundial. El malagueño ascenderá hasta el puesto número 13 del ranking ATP, la mejor posición de su trayectoria, según los datos publicados tras la final. Reuters
Es la recompensa a una semana de tenis de enorme exigencia, en la que también logró superar al alemán Alexander Zverev en semifinales. Para alcanzar el título, Davidovich tuvo que medirse con algunos de los mejores jugadores del circuito y responder en los momentos decisivos.
Su triunfo demuestra que el tenis no se decide únicamente por la potencia del golpe o la brillantez de una jugada. También cuenta la capacidad para resistir, pensar, corregir y continuar cuando el marcador parece ponerse en contra.
Un nombre propio para la historia del deporte malagueño
Desde Shanghái llega una noticia que merece ocupar un lugar destacado en las páginas deportivas de nuestra ciudad. Alejandro Davidovich Fokina ha conquistado un título de enorme prestigio y ha escrito una página inédita para el tenis español en este torneo.
Lo ha hecho remontando un primer set adverso, ante un rival de enorme proyección y en una final que exigió mantener la concentración hasta el último punto.
Málaga puede celebrar hoy a uno de los suyos. No solo por el trofeo que sostiene, sino por la manera de conseguirlo: sin rendirse cuando el partido se complicó, luchando por cada oportunidad y demostrando que una desventaja no tiene por qué ser el final de una historia.
El héroe deportivo no es aquel que nunca encuentra dificultades, sino quien consigue superarlas. En Shanghái, Davidovich ha ofrecido una lección de esa clase de fortaleza.
Y mientras el tenis internacional celebra al nuevo campeón, en Málaga tenemos una razón más para mirar hacia China con una sonrisa y decir, con legítimo orgullo, que uno de los nuestros ha llegado a lo más alto.
Alejandro Davidovich Fokina ya tiene su Masters 1000. Shanghái ya forma parte de su historia. Y Málaga, desde hoy, también forma parte de esta gran victoria.






