UN JARRO DE AGUA FRÍA EN MENDIZORROZA

Si el Málaga no hubiese encajado el gol del empate en el minuto 88, hoy estaríamos hablando del buen partido disputado por los “bichos” en Mendizorroza. Y a pesar de que el conjunto malaguista no gozó de muchas ocasiones de gol, sí llevó el control total del encuentro, sobre todo a nivel defensivo, y recuperó las sensaciones de la temporada pasada: juego combinativo en el centro del campo e intensidad en todas las disputas de balón. Pero de nuevo, una semana más, tenemos que lamentar la pérdida de dos puntos por una jugada desafortunada, precedida de un insolente pisotón al futbolista Recio. Dicha acción le impidió defender la jugada de ataque alavesista. Los responsables de la sala VOR ni se inmutaron, lo que demuestra que solo actúan cuando quieren, dependiendo de quiénes sean los equipos afectados. Está claro que el Málaga no tiene el poder de influencia de los grandes de la Liga. Por pisotones como el que recibió el bravo defensa malaguista algunos han sido expulsados, pero en esta ecuación relacionada con las nuevas tecnologías no entra el club blanquiazul.

Pero vayamos al partido. Cinco futbolistas se cayeron del once que disputó el encuentro frente a la Real Sociedad: Chupe, entendemos que por no estar en su mejor momento; Pablo Martínez, por lesión; e Izan Merino, Salinas y Calero, suponemos que por decisión técnica. Retornó a la banda derecha Puga, Rafita volvía a la izquierda para jugar de nuevo “a pierna cambiada”, y en el eje de la zaga retornaba al equipo Einar Galilea. En la banda izquierda se situó Aznou y, como mediocentros, Dani Lorenzo y Ramón.

Pleno acierto de Funes en la elección del once que tenía que enfrentarse al Alavés. Del mismo modo que la semana pasada cuestionamos que Salinas tuviese que frenar a Take Kubo, anoche ninguno de los hábiles delanteros vitorianos estuvo afortunado. El entramado defensivo dispuesto por el lojeño los “liquidó” a todos.

Cinco futbolistas tuvieron una actuación destacada: Galilea, que fue un auténtico valladar en defensa; Aznou, que apunta maneras de buen futbolista de banda, no exento de calidad y con virtudes defensivas importantes; Dani Lorenzo, que volvió por sus fueros, facilitando la conducción de balón en una labor de mucho sacrificio en defensa; Adrián Niño, en estado de gracia de cara al gol y encomiable en su lucha con los centrales; y dejo para el último lugar a Ramón, que anoche se puso el esmoquin y comenzó a “regar la huerta” como hacía tiempo no se veía. ¡Cuánto nos alegramos de haber recuperado a un futbolista con tanta calidad! Un pase filtrado suyo supuso el magnífico gol de Niño. Esperemos que las lesiones le sigan respetando. En los últimos tiempos ha ganado en fortaleza física y mental, es el capitán del equipo y razona como un psicólogo. Anoche sentó cátedra en el centro del campo malaguista. Funes debe seguir perseverando con los dos mediocentros que seleccionó —la dupla Lorenzo-Ramón—, porque con ellos este Málaga sabe jugar al fútbol e, inevitablemente, debe ir a más.

Si lo citado anteriormente lo situamos en el haber del equipo malaguista, en el debe hemos de considerar algunos de los cambios que introdujo Funes. No debe ser fácil tomar decisiones en el minuto 60 cuando el Málaga está jugando bien y tiene el control, pero no había más remedio que mover el banquillo, ya que el Deportivo Alavés había movido fichas y el lógico cansancio de algunos futbolistas reclamaba una reacción por parte del técnico. Funes no nos tiene acostumbrados a introducir hombres con la idea de montar un “autobús” defensivo, pero dos de los que entraron tenían pura vocación defensiva: Salinas y Berrocal. A veces, no por acumular más defensas se defiende mejor. Y aunque Salinas estaba llamado a convertirse en un extremo por banda izquierda, no terminó de cuajar en esa posición; a la postre, se convirtió en un defensor más, al igual que Berrocal.

En cambio, la banda derecha se mantuvo intacta. A pocos se les escapa que Larrubia ni está en su mejor momento ni se le espera. Es inconcebible que ayer culminara los 95 minutos que duró el partido. Nada, absolutamente nada de lo que intentó le salió. Está para rebajar en el banquillo la presión que tiene en su mente. Sabemos de su calidad y confiamos en que pueda demostrarla en Primera, pero actualmente no está para jugar. Quizás unos minutos para Haitam habrían posibilitado algunas jugadas peligrosas de contraataque. No pudimos “matar” el partido a la contra, y la lógica del fútbol impone que, cuando te encierras diez minutos en el área propia intentando evitar los remates de cabeza de los equipos vascos, al final terminan por introducir el balón en la red. Y así fue.

Un auténtico jarro de agua fría para la afición, que ya empezaba a saborear la primera victoria malaguista. Lo mejor de anoche son los brotes verdes en el juego que nos invitan a tener esperanza. Vimos a un Málaga que, durante 80 minutos, fue el que nos encandiló la temporada pasada. Vamos a seguir confiando.

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