He de confesarles que resulta difícil escribir sobre el Málaga tras el partido vivido en La Rosaleda. Encajar cinco goles en casa es especialmente doloroso. Son de esas derrotas que se quedan grabadas en la historia por no ser frecuentes y, por mucho que queramos edulcorar la realidad, la conclusión es que esta es tozuda. Los números del Málaga en su retorno a Primera División, tras nueve jornadas disputadas, son para volver de nuevo a Segunda: cuatro puntos de veintisiete posibles, seis goles a favor y dieciocho en contra pueden sumergir en la tristeza a los más optimistas.
Hace una semana, tras el empate in extremis ante el Espanyol, el técnico malaguista hizo gala en rueda de prensa de su plena confianza en la plantilla. Se mostraba convencido de que el talento que atesoran los canteranos que nos han subido a Primera tiene que salir a relucir más pronto que tarde, y de que la mayoría va a crecer deportivamente en esta categoría. La pregunta que se hace la afición es cuándo.
Llevo defendiendo desde hace tiempo que si el Málaga está en Primera es porque sus futbolistas son de Primera; de lo contrario, el equipo no habría ascendido. Pero dadas las actuales circunstancias, la pelota está en el tejado del club para activar el plan B. Dicho plan consiste en revertir la situación en el mercado invernal, sobre todo si el Málaga no consigue salir de los puestos de descenso en las próximas dos o tres jornadas. Aun así, cabe reforzar las parcelas donde el equipo muestra más debilidad, y lo complicado es hacerlo en enero, cuando los mejores futbolistas del mercado no están disponibles.
No somos plenamente conscientes de que para mantenerse en Primera un club precisa de solvencia económica, independientemente de que se consiga cierta calidad futbolística con jugadores de la casa. La capacidad de inversión es siempre necesaria, ya sea para reforzar plantillas o para retener talento. Sin embargo, en la situación actual del club, sumido en una ratonera judicial, esto es imposible de llevar a cabo.
Pero vayamos al partido. Frente a la Real Sociedad, Juan Francisco Funes revolucionó el once inicial, sobre todo con respecto al que se enfrentó al Espanyol. Y parece evidente que el técnico malaguista erró gravemente; posiblemente, su mayor error desde que dirige el banquillo. Mientras no se demuestre lo contrario, el lateral izquierdo Salinas no es mejor que Rafita, aunque el canterano juegue a pierna cambiada. Rafita está demostrando cada semana que es el futbolista que menos ha acusado el cambio de categoría y su nivel está siendo altísimo.
Por otro lado —y mientras no se demuestre lo contrario de nuevo, algo que la temporada pasada ya fue evidente—, prescindir de Dani Lorenzo en la medular es un lujo que el Málaga no se puede permitir, al igual que el hecho de que Puga no sea titular. Uno de los problemas de juego que está teniendo el equipo esta temporada consiste en la lenta o inexistente adaptación a la categoría de tres futbolistas que fueron fundamentales el año pasado: Larrubia, Joaquín y Chupe. Para esto cabe buscar soluciones. Parece que Asnou bien podría ser titular en la banda izquierda mientras recuperamos la mejor versión de Joaquín. Cuestión distinta es la aportación de Pablo Martínez, un futbolista experimentado y con buen golpeo de balón, pero que quizás no debería jugar en banda. Take, el futbolista japonés del equipo donostiarra, hizo auténticas perrerías por su banda en el primer tiempo; su mejor antídoto habría sido Rafita.
La Real Sociedad no es el mejor rival para experimentar en el once. No olvidemos que son los actuales campeones de Copa y se encuentran inmersos en competición europea; no son un equipo cualquiera. Sobre esto también se lamentó el técnico malaguista en rueda de prensa: en las doce primeras jornadas de Liga nos debíamos enfrentar a todos los equipos europeos. Y no le falta razón a Funes. El calendario no ha sido nada fácil para el Málaga, pero ya no caben excusas. El partido en Vitoria del próximo viernes tiene que ser el punto de inflexión que el equipo necesita.
Ojalá nos traigamos la victoria de Mendizorroza.






