UNA MIRADA AL ARTE PARTE II

EL ARTE EN LA MÁLAGA DEL SIGLO XV AL XVIII

Continuando donde nos quedamos en el anterior capítulo y haciendo referencia a la conversión de la mezquita Aljama en la actual Catedral de la Encarnación en el siglo XV, en esa época en nuestra ciudad, tanto la pintura como el resto de las actividades profesionales, estaban reguladas por las Ordenanzas Municipales, que fueron recopiladas y aprobadas el 7 de abril de 1556, basadas en el modelo sevillano por expreso deseo de los Reyes Católicos.

A través de estas Ordenanzas se realiza el nombramiento de los VEEDORES, cuya función era velar por su cumplimiento, con lo que ejercían el derecho de entrar en todos aquellos lugares en los que los pintores realizaban su labor, además tenían la función de examinar la calidad técnica y material de las obras.

Con esta legislación se establecía, además, la obtención del grado de Maestría, el cual diferenciaba de una forma clara los distintos tipos de pintores, ya que por un lado estaban los pintores de sargas (pintura en lienzo) y por otro los pintores moriscos (pintura decorativa en cubiertas o maderas), con lo que a este proceso se le considera la base de la posterior diferenciación entre pintores al óleo/fresco y maestros doradores y estofadores.
Una de las primeras manifestaciones artísticas en Málaga fueron las realizadas en la Catedral de la Encarnación en el siglo XVI, en la Capilla Mayor y la Capilla Episcopal, por el pintor italiano Césare Arbassia.

En cuanto a los primeros pintores malagueños y que representan el punto culminante de la pintura barroca en Málaga, como fueron Miguel Manrique, pintor formado en el taller de Rubens siendo una de sus obras más importantes el lienzo titulado “El convite de Jesús en casa de Simón el fariseo” de 1642 y que se encuentra en la Catedral de Málaga. También fue discípulo de Pedro de Mena.

Y por otro lado Juan Niño de Guevara que fue discípulo de Alonso Cano, y una de sus obras, “Muerte de San Francisco Javier”, se encuentra igualmente en la Catedral de Málaga.

En Málaga, a la pintura, se le da la reconocida condición de Arte a mediados del siglo XVII, concretamente en 1633, llegando a alcanzar un cierto prestigio en la sociedad, sin llegar a los niveles que consigue la escultura, de la mano de Pedro de Mena, granadino de nacimiento, que se trasladó a vivir a Málaga para realizar la sillería alta de la Catedral, así como bustos en pareja de Ecce Homo y Dolorosa.

Sus dos hijas, Andrea y Claudia, mostraron interés por el tallado de imágenes, y su padre le proporciona un taller propio en su hogar, cosa inusual por entonces debido a las limitaciones impuestas a las mujeres en aquella época.

Una muestra de su legado son estas dos imágenes realizadas por Andrea.


Ya en el siglo XVIII, y durante el reinado de Felipe V, en Málaga se documentan un total de 70 artistas que practican la pintura y el dorado, de los que sólo 27 son pintores documentados y 15 pintores de cuadro como Pedro de Hermosilla, Diego de la Cerda, Francisco de Carrasquilla, Pedro de Rojas y otros.

En esa época, el pintor malagueño, normalmente trabajaba para alguien, no siendo normal que trabajara por cuenta propia, a pesar de ello, existían tiendas donde se vendían lienzos pintados, considerándose como algo “bajo” “sin calidad” e “indigno de un verdadero artista”.

En cuanto a la plasmación de la firma en la obra, lo normal es que no aparezca, debido al propio desinterés del autor, ya que al trabajar por cuenta ajena no le interesaba la promoción personal ni de su obra, por tanto, los artistas parecen contar con trabajos suficientes, aunque sus labores son más de carácter artesanal, con lo que según sus posibilidades respondieron a lo que el momento y el gusto les demandaba.

Por todo ello la pintura malagueña se podría definir como la describe Gómez Moreno en su frase: “casi desconocida, modesta y genuinamente local, pero por lo mismo íntima y de raza”.

En el próximo capítulo hablaremos del arte en Málaga del siglo XIX.

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