El sol apenas asoma sobre la silueta que enmarca la ciudad, una mañana cualquiera, en la costa malagueña. Ya se nota el calor suave que anuncia otro día de verano. El mar acaricia la orilla con su espuma salada. Sin embargo, algo bajo nuestros pies nos llama la atención. Montones de algas oscuras densas y desconocidas nos rodean.
Así es como Rugulopteryx okamurae, ha ido poco a poco conquistando nuestras playas. Sin mucho ruido, de manera sigilosa, pero con consecuencias que ya estamos sufriendo. Solo unos años han pasado de ser una rareza natural a convertirse en nuestro día a día, transformándose en una amenaza para nuestras playas y ecosistemas marítimos.
Comencemos por conocer a esta alga autóctona de Asia, resistente y cuya reproducción se realiza de forma crónica y sexual. Los primeros datos de los que se tiene constancia son en 2015, con su llegada al Mediterráneo y vista por primera vez en Ceuta, traída por barcos mercantes. Y es así, como poco a poco se ha ido propagando a lo largo de toda la costa malagueña.
Además de ser molestas para el baño se han visto obligados a aumentar la limpieza de playas para intentar que afecte lo menos posible al turismo y evitar malos olores, proliferación de insectos y una mala imagen de la ciudad.
También, los pescadores malacitanos ven en ocasiones afectada su jornada teniendo que parar su trabajo para limpiar sus redes con importantes pérdidas económicas.
Pero lo que realmente nos preocupa es a nivel natural, donde podemos ver distintos impactos en la biodiversidad autóctona de Málaga. Un claro ejemplo del daño que está causando es la Posidonia del Mediterráneo (otra especie de alga) que según estudios de “Bosques Sumergidos” dentro del proyecto Mares Circulares, apuntan que su estado llega a ser crítico debido en parte a esta alga invasora junto con el cambio climático y la presión humana.
La Posidonia tiene un papel crucial en nuestras costas protegiéndolas de la erosión, cargando las aguas de oxígeno y dando cobijo a muchas especies marinas.
Uno de los principales problemas para su proliferación es su lento crecimiento ya que suele crecer solo unos pocos centímetros cada año. Es por ello que su reparación es lenta y ante cualquier daño tardará mucho en recuperarse.
Llegados a este punto, ¿qué soluciones encontramos? Consultando diferentes expertos apuestan por la limpieza manual de manera periódica de esta alga. El objetivo es, «intentar que haya lo menos posible» de este alga «para que las especies autóctonas aguanten hasta que la Rugulopteryx vaya a menos, como ha sucedido con otras especies invasoras» según Enrique Ostalé (doctor en Biología y coordinador de los trabajos) en la entrevista que concedió al periódico “El Mundo”.
Nuestra ciudad apuesta por poner en marcha un proyecto piloto de replantación de Posidonia en Marbella.






