HUMANIZANDO A… JOAQUÍN CUEVAS HUGUET


Humanizando a… nace con un propósito sencillo: descubrir a la persona que existe detrás del personaje. Más allá de los titulares, los éxitos y la exposición pública, queremos acercarnos a las emociones, los recuerdos, los miedos, los sueños y las experiencias que han marcado la vida de quienes admiramos. Porque antes que artistas, deportistas, empresarios, comunicadores, etc., son seres humanos con historias que merecen ser contadas.

De la adrenalina de la Ruta del Sol al motor de los grandes eventos: Joaquín Cuevas Huguet inaugura «Humanizando a…»


Hay nombres que en Málaga evocan mañanas de esfuerzo titánico en el asfalto, la serpiente multicolor de los mejores ciclistas del planeta coronando nuestros puertos y esa emoción inconfundible de la mítica Ruta del Sol.

El nombre de Joaquín Cuevas Huguet está ligado indisolublemente al ciclismo de élite, al asfalto de nuestra comunidad y a esa maquinaria perfecta llamada Deporinter, la empresa con la que lleva décadas organizando, promocionando y defendiendo los acontecimientos deportivos más importantes de nuestra tierra. Desde su despacho en Málaga, su visión estratégica y su amor por los pedales han llevado la marca Andalucía a las televisiones de todo el mundo. Pero para quien escribe estas líneas, encontrarse con él significa asomarse a la Málaga del trabajo incansable, de la constancia de fondo y de los valores tradicionales del deporte aplicados a la vida misma. Hoy, los caminos de la vida nos sientan frente a un gestor de prestigio indiscutible en el panorama nacional. Para abrir las puertas e inaugurar oficialmente nuestra sección «Humanizando a…» en El Victoriano, dejamos a un lado los maillots de los campeones, las clasificaciones generales, los cronómetros y la prisa de las metas. Nos reencontramos con el hombre cercano, con el apasionado que conoce cada carretera de nuestra provincia y con el corazón de un malagueño entregado a lo suyo, en una conversación que destila memoria, superación y una inmensa vocación de futuro.


HUMANIZANDO A… JOAQUÍN CUEVAS HUGUET
1. ¿Quién eres realmente cuando nadie te está mirando?
Pues creo que una persona bastante sencilla y amiga de sus amigos. Me gusta estar con mi familia, compartir tiempo con los amigos, sentarme tranquilamente a tener una buena conversación, echar unas risas y disfrutar de esas pequeñas cosas que, al final, son las que más valoras.
Después de tantos años de actividad, reuniones, viajes y responsabilidades, cada vez aprecio más la normalidad. Y, sinceramente, siempre que puedo intento pasar desapercibido.

2. ¿Qué recuerdo de tu infancia sigue acompañándote hoy?
Hay muchos, pero recuerdo especialmente la facilidad con la que mi padre parecía afrontar las cosas. Tenía una naturalidad especial para resolver problemas, un don de palabra inusual y una forma de entender la vida que, con los años, he aprendido a valorar todavía más.
También recuerdo esa inquietud que siempre he tenido por descubrir cosas, saber cómo funcionan y preguntarme si se podrían hacer de otra manera o incluso mejorar. Curiosamente, creo que esa inquietud sigue siendo prácticamente la misma hoy.

3. ¿Qué le dirías al niño que fuiste?
Probablemente le diría que fuera un poco más constante en algunas cosas y que no se dispersara tanto. Seguramente habría llegado al mismo sitio, pero quizás con menos complicaciones por el camino… aunque también es verdad que muchas de esas complicaciones y errores son los que después te enseñan.
Así que, pensándolo bien, tampoco cambiaría demasiadas cosas. Cada etapa, incluso las equivocaciones, te acaba llevando hasta donde estás.

4. ¿Cuál ha sido el momento que más ha cambiado tu vida?
Es difícil quedarme con un único momento. Ha habido varios, pero casi todos tienen algo en común: la responsabilidad que asumes cuando te comprometes con algo y la obligación de dar la cara, incluso cuando las circunstancias se ponen muy cuesta arriba.
En los últimos años hemos vivido situaciones que te hacen replantearte muchas cosas. Familiarmente la llegada de mis hijos hacen que tu vida cambie si o si, normal. Profesionalmente la COVID-19 fue durísimo para nuestra actividad y sus consecuencias se prolongaron durante cerca de dos años y medio, pero conseguimos remontar con éxito en 2023. Y después llegó febrero de 2024, con la huelga de agricultores y ganaderos coincidiendo con la Vuelta Ciclista a Andalucía. Una situaciones casi encadenadas que te golpean especialmente porque son completamente ajenas a tus decisiones. Cuando de repente tienes que afrontar consecuencias económicas, profesionales y personales de algo que no has provocado, aprendes mucho y también ves a las personas de otra manera. Quién está, quién intenta entenderte, quién empatiza, quien quiere aprovecharse de esa anómala situación y quién, simplemente, mira hacia otro lado. Son experiencias duras, que no le deseo a nadie, pero que inevitablemente te cambian y te hacen ver muchas cosas con otra perspectiva.

5. ¿Qué miedo has tenido que vencer para llegar hasta aquí?
Quizás no hablaría tanto de miedo como del respeto que siempre me han producido las decisiones importantes. Porque decidir es relativamente fácil; lo complicado es asumir las consecuencias cuando tus decisiones afectan a otras personas, a proyectos y, muchas veces, a familias.
También ha sido complicado encontrar un equilibrio entre el ritmo que exige el trabajo y la vida familiar. No creo que nadie consiga esa conciliación perfecta de la que tanto hablamos, pero sí he intentado que mi familia nunca sintiera que estaba por detrás de todo lo demás intentado estar siempre cuando hay que estar.

6. ¿Cuál ha sido la herida que más te ha enseñado?
Probablemente, como comentaba antes lo sucedido en 2024. Veníamos ya de unos años muy complicados por las consecuencias de la COVID-19 y aquello fue otro golpe importante, además completamente inesperado, ajeno a nuestra voluntad y totalmente sobrevenido de improviso y el primer caso dentro del ciclismo profesional.
Pero las heridas, aunque duelan, terminan enseñando. Te obligan a parar, analizar, mirar alrededor y valorar muchas cosas. También aprendes que puedes hacer las cosas con honestidad, responsabilidad y la mejor intención y, aun así, encontrarte con situaciones que escapan completamente a tu control.
Supongo que madurar también consiste un poco en aprender a aceptar eso y levantarte para seguir adelante y no perderle cara a la situación. Eso lo aprendí de joven cuando empezaba a jugar a rugby, no perderle la cara al encuentro pese al resultado adverso que pudieras tener, por respeto a ti mismo, a los compañeros, a la entidad, al público y al adversario.

7. ¿Qué persona ha marcado tu vida para siempre y por qué?
Mi padre, sin ninguna duda.
Nos enseñó valores que hoy parecen muy sencillos de decir, pero que no siempre son tan fáciles de cumplir: saber estar arriba y abajo, ser constantes, honrados, trabajadores y cumplir con la palabra dada.
Pero quizás lo más importante fue enseñarnos a asumir los errores. Si te equivocas, te equivocas, pero hay que dar la cara y responder. Esa forma de entender la vida me ha acompañado siempre y he intentado trasladarla tanto a mi vida personal como profesional.
Con los años, además, te das cuenta de que muchas de las cosas que te enseñaron de pequeño son precisamente las que más valor acabas dándoles.

8. ¿Qué sacrificio te ha dolido más hacer para conseguir tus sueños?
Sin duda, el tiempo que no he podido dedicar a mi familia.
Este trabajo no entiende demasiado de horarios, fines de semana o vacaciones. Organizar acontecimientos deportivos significa muchas veces estar donde tienes que estar cuando quizás te gustaría estar en otro sitio.
He sacrificado muchas horas de familia y probablemente sea lo que más me ha dolido. Pero también tengo la suerte de haber contado siempre con su comprensión y su apoyo. Sin ellos habría sido imposible hacer muchas de las cosas que hemos conseguido.
Por eso ahora valoro muchísimo más cualquier rato tranquilo en familia.

9. ¿Hay algo que la gente suele asumir sobre ti y que está muy lejos de la realidad?
Quizás en determinados momentos he tenido la sensación de que, cuando un proyecto empieza a funcionar demasiado bien o a destacar, aparecen obstáculos difíciles de entender.
No me gusta pensar demasiado en ello ni utilizarlo como excusa, pero creo que la envidia existe y forma parte de la condición humana. A veces parece que el éxito de los demás incomoda más de lo que debería. La definición para mi de envida “es el reconocimiento del propio fracaso, porque el envidioso es el que es incapaz de conseguir lo que tu consigues o logras”.
Con los años he aprendido que la mejor forma de responder es no perder energía en intentar entender determinadas actitudes. Prefiero seguir trabajando y concentrarme en los proyectos.
Al final, el tiempo suele poner muchas cosas en su sitio.

10. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste y qué provocó ese momento?
He llorado muchas veces, como supongo que cualquier persona. Por impotencia, rabia, emoción, alegría… y también por esa acumulación de tensión que llega un momento en el que necesita salir.
Profesionalmente he tenido la suerte de vivir momentos muy especiales. Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 fueron, sin duda, uno de ellos. Tuve la responsabilidad de trabajar en proyectos como el recorrido de la Antorcha Olímpica, el ciclismo y el maratón.
Recuerdo especialmente el momento del encendido del pebetero. Más que emoción, en aquel instante sentí una enorme responsabilidad. Era ser consciente de la magnitud de lo que teníamos por delante y de que todo tenía que salir bien.
Pero curiosamente, el momento emocionalmente más intenso fue el apagado. Después de años de preparación, meses de trabajo y una tensión enorme, cuando todo terminó sentí un bajón brutal. Fue como si de repente alguien hubiera abierto una válvula y hubiera salido toda la presión acumulada.
También recuerdo con enorme satisfacción cuando, años después, recibimos una llamada para colaborar como asesores en la preparación de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Que confiaran en nosotros y posteriormente poder estar allí, invitados para vivir los Juegos y supervisar el resultado de aquel trabajo, fue algo difícil de describir.
Son de esas cosas que, cuando las recuerdas, piensas: “sí, mereció la pena”.

11. ¿Qué es lo que más agradeces en esta etapa de tu vida?
Creo que la serenidad. El temple que, poco a poco, te van dando los años.
Cuando eres más joven quieres solucionar todo inmediatamente. Con el tiempo aprendes que no todos los problemas requieren una respuesta inmediata y que muchas decisiones es mejor dejarlas reposar un poco antes de tomarlas.
Los golpes personales y profesionales te van curtiendo. No te hacen invulnerable, ni mucho menos, pero sí te ayudan a relativizar y analizar las cosas desde otro prisma.
Hoy intento pensar más en las consecuencias a corto, medio y largo plazo. Esa experiencia no evita que sigan llegando problemas, porque siguen llegando, pero sí ayuda a enfrentarte a ellos de otra manera.

12. ¿Qué te sigue quitando el sueño?
Me quitan el sueño muchas cosas. Quizás una de ellas sea la falta de visión y la facilidad con la que, en ocasiones, se descartan ideas o proyectos sin siquiera darles una oportunidad.
No digo que todas las ideas sean buenas, porque evidentemente no lo son. Yo mismo me habré equivocado muchas veces. Pero creo que algunos proyectos simplemente necesitan alguien que crea en ellos y les dé ese pequeño empujón para adaptarlos a los tiempos y convertirlos en una realidad.
También me preocupa mucho el futuro de nuestros jóvenes y de las generaciones que vienen detrás. Estamos viviendo cambios a una velocidad tremenda: nuevas tecnologías, inteligencia artificial, cambios demográficos y una forma completamente diferente de entender el trabajo y la sociedad.
A veces pienso que estamos tan ocupados viviendo el presente que no dedicamos suficiente tiempo a pensar cómo será el mundo que vamos a dejarles.

13. ¿Qué te devuelve la paz cuando todo parece derrumbarse?
La familia y los amigos de verdad.
Son esas personas que, cuando estás metido hasta el cuello en un problema, consiguen hacerte parar y ver las cosas desde fuera. A veces una conversación, un consejo sincero o simplemente escuchar otra opinión te hace descubrir alternativas que tú no estabas viendo.
Cuando uno está dentro de una situación complicada es fácil perder la perspectiva. La familia y los buenos amigos tienen esa capacidad de recordarte que, probablemente, aquello que hoy parece un desastre absoluto mañana será simplemente un mal recuerdo.

14. ¿Cómo te gustaría que te recordaran cuando ya no estés?
La verdad es que nunca lo había pensado demasiado… entre otras cosas porque tengo intención de seguir dando bastante guerra todavía jajaja
Pero si algún día alguien tiene que recordarme, me gustaría que fuera como una persona sencilla, cercana, inquieta y amiga de sus amigos. Como alguien que intentó cumplir su palabra.
También como una persona emprendedora, con ideas —algunas mejores y otras seguramente no tanto—, pero que intentó luchar por ellas y llevarlas adelante, incluso cuando el viento soplaba en contra.
Creo que al final no importa solamente lo que consigues. Importa cómo has llegado hasta allí y, sobre todo, cómo has tratado a las personas que te han acompañado durante el camino. En cuanto al mayor evento deportivo, turístico,comercial y social que tenemos en Andalucía me satisface mucho que desde el año 1979 hasta el momento actual (casi 50 años) he estado involucrado en él llevando el nombre de Andalucía por todo lo alto y a todos los rincones del mundo con los mejores equipos y corredores de cada época pero en el mejor escenario posible del planeta: ANDALUCIA.

15. Cuando se apagan las cámaras, los focos y los aplausos… ¿quién queda?
Pues queda Joaquín.
Una persona tranquila, aunque bastante inquieta por dentro. Alguien a quien le sigue gustando descubrir nuevos horizontes, imaginar proyectos y ponerse nuevas metas. Creo que eso no se me va a quitar nunca.
Pero, sobre todo, queda el marido de Esther y el padre de Pau y Laia.
Los eventos terminan, las carreras llegan a meta, los focos se apagan y los reconocimientos pasan. Y está bien que sea así.
Porque al final del día vuelves a casa y te das cuenta de que ahí está tu verdadera vida. En las conversaciones, en las risas, en los momentos buenos y también en los malos. Ahí es donde realmente están las personas que importan.
Y, sinceramente, eso es lo que me gustaría no perder nunca

Foto: Jaqueline García


Y así, después de dejar a un lado los títulos, los reconocimientos, los focos y todo aquello que el público conoce, llegamos al final de este encuentro con Joaquín Cuevas.

Gracias por abrirnos una puerta mucho más difícil de atravesar que cualquier escenario, despacho, estudio o terreno de juego: la puerta de tu vida. Gracias por compartir recuerdos, emociones, heridas, sueños, miedos y esas pequeñas verdades que, al final, son las que realmente nos permiten conocer a la persona que hay detrás del personaje.

Porque eso es, precisamente, Humanizando a…: detenernos por un instante, mirar más allá de lo que todos ven y descubrir que detrás de cada nombre conocido hay una historia, una infancia, unas luchas, unos silencios y un corazón que siente como el de cualquiera de nosotros.

Gracias, Joaquín, por regalarnos tu tiempo, tu cercanía y, sobre todo, tu verdad. Ha sido un placer conocerte un poco más, pero, especialmente, descubrir a la persona que permanece cuando se apagan los focos.

Y ahora que cerramos estas páginas, surge inevitablemente una nueva pregunta…

¿Quién será el próximo protagonista de “Humanizando a…” en El Victoriano?

Alguien conocido. Alguien con una historia que merece ser escuchada. Alguien que, quizás, creemos conocer… pero del que todavía nos queda mucho por descubrir.

La respuesta llegará muy pronto.

Porque detrás de cada persona hay una historia.

Y nosotros seguiremos aquí, dispuestos a leerla.

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