El Delegado de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Málaga analiza el presente y el futuro de las Hermandades de Gloria, su misión evangelizadora y el papel que desempeñan en la vida parroquial, social y cultural de la ciudad y la provincia. Entrevista a D. Salvador Guerrero
En Málaga, la devoción popular tiene un rostro especialmente luminoso en las Hermandades de Gloria, presentes en parroquias, barrios y pueblos con una identidad marcada por la cercanía, la alegría y la tradición. El Rvdo. D. Salvador Guerrero, Delegado de Hermandades y Cofradías, ofrece en esta conversación una mirada clara y esperanzada sobre la evolución de estas corporaciones, su aporte al tejido eclesial y comunitario, y los desafíos que asoman en el horizonte.
¿Qué papel desempeñan hoy las Hermandades de Gloria en la vida diocesana?
Las hermandades, por su propia naturaleza, son asociaciones públicas de fieles en las que un grupo de cristianos se reúne en torno a una imagen para vivir y expresar su fe. En el caso de las Hermandades de Gloria, esa referencia es, en la mayoría de los casos, la Virgen María, en sus distintas advocaciones, y también los santos, muy presentes en parroquias, barrios y pueblos de toda la diócesis.
Nos encontramos con devociones de gran arraigo y extensión, como la Virgen del Carmen o la Virgen del Rosario, junto a otras más vinculadas a la identidad local. Todas ellas configuran un mapa devocional muy rico que forma parte de la vida ordinaria de la Iglesia diocesana.
Las Hermandades de Gloria desempeñan un papel muy importante porque aglutinan a miles de fieles que sienten una especial cercanía espiritual hacia la Virgen o hacia los santos. Esa devoción no se queda en un sentimiento individual, sino que se canaliza de manera comunitaria y eclesial. La pertenencia a una hermandad ayuda a vivir la fe con mayor conciencia, a descubrir la propia vocación cristiana y a tomar conciencia de la misión que cada bautizado tiene en medio del mundo.
¿Cómo valora la situación actual de estas hermandades en Málaga?
La situación de las Hermandades de Gloria puede entenderse dentro del conjunto de las asociaciones públicas de fieles de la diócesis. En este momento se percibe una mayor toma de conciencia de lo que significa pertenecer a la Iglesia y asumir la misión que de ello se deriva.
En muchos casos, las hermandades están viviendo procesos de revitalización. Se va descubriendo que no se trata solo de mantener una tradición o de estar inscritos, sino de formar parte de una realidad eclesial que tiene sentido y que interpela la vida. La piedad popular canaliza de forma muy auténtica lo que somos y lo que vivimos como cristianos.
Para muchas personas, la hermandad se convierte además en un primer espacio de pertenencia y de camino, desde el que ir profundizando poco a poco en la fe y en la vida eclesial.
¿Qué desafíos se presentan de cara a los próximos años?
Los desafíos que se presentan son, en el fondo, los de siempre: vivir con coherencia la identidad cristiana y responder con la propia vida a la llamada del Evangelio. Esto exige una fe más formada y una mayor implicación en la realidad que nos rodea.
No basta con decir que somos cofrades. El ser cofrade ha de traducirse en compromiso, especialmente con las situaciones más duras de nuestro entorno. Estamos llamados a ayudar, a sostener y a salir al encuentro de quienes más lo necesitan. Es ahí donde se hace visible el amor y la misericordia.
El cofrade del futuro ha de ser una persona comprometida con su Iglesia, con su familia y con su realidad cotidiana, capaz de ofrecer no solo palabras, sino también gestos concretos de cercanía y solidaridad.
¿Qué importancia tiene la relación entre las Hermandades de Gloria y sus parroquias?
La relación entre las Hermandades de Gloria y sus parroquias ha de ser una relación plena. Todas las hermandades están integradas en una parroquia, que es el lugar donde se articula la vida de la Iglesia en un territorio concreto.
Las hermandades no caminan al margen de la comunidad parroquial, sino dentro de ella. Desde su identidad propia, están llamadas a descubrir su tarea y su aportación al conjunto de la vida eclesial, en comunión con la parroquia y con la diócesis.
Esta relación ayuda a que la vivencia de la fe no se quede en algo aislado, sino que se inserte en un proyecto pastoral compartido, respondiendo a los retos concretos que se marque la diócesis.
¿Qué signos de esperanza observa actualmente en estas corporaciones?
Vivimos en una sociedad marcada por la secularización, pero en las Hermandades de Gloria se perciben signos claros de esperanza. Se va fortaleciendo el sentido de pertenencia y la conciencia de formar parte de una comunidad creyente más amplia.
La piedad popular sigue siendo un cauce privilegiado para expresar la fe y para mantener viva la tradición cristiana. En muchos casos, las hermandades están siendo espacios de encuentro, de acompañamiento y de testimonio creyente en medio de una sociedad cambiante.
¿Qué mensaje transmitiría a los hermanos mayores y juntas de gobierno?
El mensaje es sencillo: tomar conciencia de que somos Iglesia. A las hermandades se acercan muchas personas con recorridos muy distintos, y eso no debe verse como una dificultad, sino como una oportunidad pastoral.
Quienes tienen responsabilidades de gobierno están llamados a acoger, acompañar y ayudar a descubrir el sentido profundo de la pertenencia a una hermandad. No se trata solo de continuar una tradición, sino de ofrecer razones para la fe y de conducir, con paciencia y testimonio, al encuentro con Jesucristo.

En un contexto donde tradición y actualidad parecen en tensión, ¿cómo pueden las hermandades mantener su identidad?
Con sencillez y fidelidad al Evangelio. La secularización no debe paralizar ni generar miedo. Las hermandades están llamadas no solo a anunciar la Palabra, sino a vivirla, encarnando el mandamiento del amor y las bienaventuranzas en la vida cotidiana.
Desde un testimonio coherente, cercano y humilde, las hermandades pueden seguir ofreciendo un testimonio vivo y auténtico que mana directamente del Evangelio.
¿De qué manera acompaña la Delegación a las hermandades en sus procesos internos?
Las hermandades se rigen por unos estatutos que marcan su funcionamiento y ofrecen los instrumentos necesarios para afrontar la vida ordinaria de la corporación. En la mayoría de los casos, los propios órganos de gobierno pueden dar respuesta, desde esos estatutos, a las situaciones que se van planteando.
Cuando se trata de procesos internos que requieren un acompañamiento específico —como los procesos electorales u otras cuestiones para las que la hermandad no encuentra una solución adecuada por sí misma—, la Delegación de Hermandades y Cofradías para Asuntos Jurídicos acompaña y orienta conforme a los estatutos y a la normativa diocesana, buscando siempre favorecer la comunión y el buen desarrollo de la vida corporativa.
La religiosidad popular suele acercar a quienes están alejados de la Iglesia. ¿Qué oportunidades pastorales ofrecen las Hermandades de Gloria?
La religiosidad popular tiene una enorme capacidad de convocatoria y de cercanía. Muchas personas se acercan a las Hermandades de Gloria movidas por la tradición familiar, por una devoción concreta o simplemente por el deseo de sentirse parte de algo.
Esta realidad constituye una oportunidad pastoral de primer orden. Las hermandades se convierten en espacios de acogida donde se respetan los ritmos personales y donde la fe se propone desde la experiencia compartida. A través de la Virgen, de los santos y de los signos propios de la piedad popular, muchas personas van descubriendo poco a poco el rostro de Jesucristo y el sentido profundo de la vida cristiana.
¿Cómo pueden las hermandades contribuir a la evangelización de las familias?
En muchas ocasiones, el ser cofrade es algo que recibimos como un verdadero legado de nuestros mayores. La hermandad ha ocupado un lugar central en la vida de nuestros padres y abuelos y, del mismo modo que nos llevaron a bautizar, quisieron hacernos partícipes de ese espacio donde ellos aprendieron a vivir y a expresar su fe. Ese gesto sencillo, casi natural, ya es en sí mismo una primera forma de evangelización de la familia.
Pero no podemos quedarnos solo ahí. La pertenencia a una hermandad nos invita a estar siempre atentos a la llamada que el Evangelio nos hace a vivir una fe cada vez más auténtica y coherente. Esa fe ha de notarse en la vida diaria, en las relaciones familiares, en la manera de educar, de acompañar y de afrontar juntos las dificultades.
La hermandad puede ayudar a que la “fe” no se quede en un recuerdo heredado, sino que se convierta en una experiencia viva, compartida y encarnada en la realidad concreta de cada familia, allí donde el Señor nos ha puesto y con las personas con las que caminamos cada día.
Málaga es una tierra profundamente mariana. ¿Cómo influye esta identidad en la espiritualidad de las Hermandades de Gloria?
María ocupa un lugar muy importante en la espiritualidad de las Hermandades de Gloria. En ella reconocemos a la Madre de Dios y madre nuestra, y a través de ella nos descubrimos también como hijos en el Hijo y como hermanos entre nosotros. María es siempre la que nos señala a Jesucristo y la que nos conduce hacia Él.
Por eso, la auténtica espiritualidad mariana es necesariamente cristocéntrica. Una espiritualidad que ayuda a vivir la fe desde la confianza, la cercanía y la esperanza, y que encuentra en María un camino seguro para el encuentro con Cristo y para una vivencia más profunda y auténtica del Evangelio.
¿Se percibe una mayor sensibilidad social en las hermandades de Gloria?
Las hermandades están profundamente insertas en la vida de los barrios y de los pueblos, y eso las hace especialmente sensibles a las situaciones de necesidad que se dan a su alrededor.
Existe una sensibilidad social real, pero el Evangelio siempre invita a ir más allá. El encuentro con Jesucristo impulsa a un compromiso cada vez mayor con quienes más sufren, haciendo de la caridad una consecuencia natural de la fe vivida en comunidad.
¿Qué aportan las procesiones de Gloria a la vida comunitaria de barrios y pueblos?
Las procesiones de Gloria son una expresión festiva y agradecida de la fe del pueblo. Sacan a la calle una advocación concreta y convierten el espacio público en un lugar de encuentro.
Al mismo tiempo, conectan con la memoria personal y colectiva, evocan la historia compartida y despiertan un sentido profundo de pertenencia. Son una forma de evangelización silenciosa que toca el corazón y deja huella.
¿Cómo valora la relación de las hermandades con los jóvenes de la diócesis?
Los jóvenes siempre han formado parte de las hermandades y hoy aportan ilusión, energía y compromiso. Integrarlos, escucharlos y acompañarlos es fundamental para mantener viva la hermandad y su misión en el tiempo.
¿Considera necesaria una mayor formación litúrgica y catequética en las hermandades?
La formación no solo es necesaria, sino fundamental. Ayuda a fundamentar la fe, a vivir los sacramentos con profundidad y a dejar que transformen la vida.
Una formación continuada es clave para una vivencia cristiana madura y coherente.
¿Qué papel pueden desempeñar estas corporaciones como custodias del patrimonio religioso y cultural de Málaga?
Las hermandades custodian un patrimonio valioso, pero no pueden convertirse en museos. Ese legado tiene sentido cuando ayuda a vivir más profundamente la fe y a asumir la misión cristiana en medio del mundo.
Desde El Victoriano queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento al Rvdo. D. Salvador Guerrero por la generosidad, cercanía y profundidad con las que ha compartido sus reflexiones en esta entrevista. Su disposición y claridad han enriquecido notablemente este encuentro, que confiamos resulte de interés y provecho para nuestros lectores. Las palabras del Rvdo. D. Salvador Guerrero dibujan un horizonte fecundo para las Hermandades de Gloria: comunidades vivas, arraigadas en la devoción popular y llamadas a una misión cada vez más consciente. Con la Virgen como guía y la Iglesia diocesana como hogar, estas hermandades continúan siendo un tesoro que mantiene viva la fe sencilla del pueblo malagueño.




