De nuevo no ha podido ser. El Málaga CF no consiguió anoche la ansiada primera victoria en su retorno a Primera División. 4 puntos de 24 posibles, en 8 jornadas, son guarismos de descenso de categoría, pero no perdamos la esperanza. Porque este Málaga sigue vivo y compite, hasta el último aliento de cada partido. Ayer lo demostró frente al Español de Barcelona. Fue dominador en importantes fases del primer tiempo y completamente en el segundo, donde no faltaron ocasiones de gol ni penetraciones en área contraria. Y tanto fue el cántaro a la fuente que Adrián Niño, otra vez providencial como en Vigo, rescató un punto para la afición supo a victoria, sobre todo por la forma en la que se produjo, en el minuto 93.
Del partido de anoche podemos extraer varias conclusiones sobre virtudes y carencias en el juego del equipo. Sin ánimo de ser exhaustivo, las resumiré en una serie de puntos:
1. De los 8 partidos disputados, el Málaga ha competido perfectamente en cinco de ellos y durante 70 minutos en el Metropolitano. No pudo competir en igualdad de condiciones frente al Real Madrid, Villarreal y Atlético de Madrid. La diferencia abismal de presupuesto se hizo evidente sobre el terreno de juego. Frente al resto de equipos -Levante, Celta, Deportivo de la Coruña, Getafe y Español- el Málaga no ha sido inferior en ningún momento. En todos los partidos ha llevado el control del juego en el centro del campo y en ningún momento el Málaga se ha visto desbordado por sus rivales. Sólo falta el acierto en el último pase o en la definición en el área contraria, y eso se consigue con buenos delanteros o mejorando las prestaciones de los extremos, bastante desdibujados en este comienzo de liga; y me refiero fundamentalmente a David Larrubia y Joaquín. Han de volver por sus fueros, y el entrenador del Málaga no pierde la esperanza de que el talento que atesoran futbolistas que nos deleitaron la temporada pasada salga a relucir, más pronto que tarde. Sólo falta una victoria, la que daría tranquilidad y soltura al juego de nuestros canteranos.
2. El Málaga no se puede permitir el lujo de tener a Adrián Niño 60 minutos en el banquillo. Porque es un “killer” y porque ofrece cosas distintas cuando merodea el área. Debe ser el complemento perfecto para Chupe, el cual ha tenido un comienzo de liga desdibujado dada la soledad en la que se desenvuelve en el ataque malaguista. Estoy convencido de que Chupe tiene que explotar. Quién lleva el gol en su ADN, tarde o temprano tiene plasmarse sobre el terreno de juego. Quién ha sido capaz de materializar veinticinco tantos en Segunda, ha de hacerlo en Primera. Es cuestión de reorganizar el ataque malaguista. Si el Málaga no juega con dos delanteros puros, Chupe y Niño, es porque Funes está atado de pies y manos por la planificación llevada a cabo este verano. El no tener disponibilidad económica para fichar a otro delantero de nivel impide disponer a ambos en escena. El temor a una posible lesión de alguno de ellos, nos dejaría en cuadros para el resto de temporada. Si hay que acudir al mercado invernal para reforzar esta parcela, hágase. Todos recordamos a Fernando Baiano o a Baptista. A veces fichar por Navidad da resultado.
3. Algunos jugadores del Málaga están abusando de un último dible o toque de balón. El fútbol en primera división se caracteriza por su velocidad. Las transiciones deben ser rápidas, y no como la de los trenes de mercancías. Tras robo de balón no se debe dar opción al repliegue del adversario, y el abusar en el toque de balón o el excesivo individualismo en su conducción dan a traste en las jugadas de contraataque.
4. Inconmensurable Rafita. Somos conscientes de que el canterano que mejor se ha adaptado a la categoría ha sido Rafita, por su calidad y por su capacidad de sacrificio. Anoche firmó un partido antológico, y su carrera de 30 metros en el minuto 93 para dar el pase del gol corrobora lo anterior. El Málaga requiere que varios canteranos más retomen o igualen cuanto antes el nivel que está exhibiendo Rafita, quién a “pierna cambiada” está sentando cátedra futbolística.
Como también merece ser destacado el partido de Recio en el eje de la zaga malaguista. En todo momento mantuvo a raya a nuestro querido Roberto. Recio crece cada partido, incluso en la responsabilidad de subir el balón como los antiguos líberos.
Y otro que sigue sentando cátedra en rueda de prensa es Juan Francisco Funes, técnico malaguista. Hemos de confiar en sus palabras. Pensar que hay motivos para la esperanza. Cree a ciencia cierta que en este Málaga queda mucho talento por explotar, y que los “chavales” van a crecer en esta cateogroía. Y qué quieren que les diga. Sólo recordar que tras el partido del Almería en la Rosaleda, donde cosechamos un triste empate ante el equipo más costeado de la categoría, Funes dijo de forma taxativa: “estamos a un gol de Primera”. Si la afición salió del estado cariacontecida y preocupada, el míster se mostraba tranquilo y optimista frente al partido de vuelta. Estaba seguro de que lo iban a hacer. Supo contagiar a la afición de ese optimismo. Vamos a seguir confiando en este Málaga y en su entrenador. Un Málaga que nunca baja los brazos y lo da todo por esta camiseta. Y si nos cuesta remontar el vuelo, acudamos al mercado invernal para reforzar aquella parcela que lo necesite.
Dejo para el final la torpeza e insensatez de Bryan Zaragoza en la celebración de su gol, y sobre todo sus declaraciones tras el partido. Ha llegado a decir que en Málaga nunca se le ha querido. Y eso no es verdad. La afición de Málaga siempre ha sido agradecida, y siempre se alegra cuando futbolistas de Málaga triunfan en otros equipos. Desconozco el motivo por el cual él nunca ha jugado en el Málaga, quizás algunos o algún técnico no lo consideró oportuno; pero nunca la afición puede ser responsable de decisiones que no le corresponden. Este verano se dejaba querer, pero su caché económico no es viable para el Málaga. Y de eso, ni la afición ni la ciudad que le vio nacer tienen la culpa. Muy mal, Bryan, muy mal. Por cierto, hay formas de mostrar el enfado hacia un futbolista en un estadio sin tener que recurrir a cánticos fuera de lugar. Y todos sabemos a qué me estoy refiriendo.






