Mi comunión primera

Queridos lectores de “El Victoriano”, en estos meses de mayo y junio, donde se celebra “la Primera Comunión”, me he permitido compartir con vosotros uno de mis poemas que hace referencia al sentimiento de ese momento tan importante. Espero y deseo que os guste.

“En la Eucaristía, Cristo se nos da como alimento espiritual,

renovando nuestra fe y fortaleciendo nuestra unión con Él”.

(Fernando Rielo)

Tiempo atrás

―vida atrás que apenas recuerdo―

me recogí en mi sangre,

ahuequé las entrañas para Ti,

y erguí esperanza al cielo en busca del milagro.

Buscaba en los reflejos el calor de tu mar.

Oh, Amor, mi gran Amor,

llegaste sin palabras para alumbrar mi alma,

como van los amantes a su entrega

o como viene la gacela del alba.

Nacernos en un mismo ser ―juntos, yo Contigo―,

fue el prodigio, la verdadera Vida,

el camino a la cumbre de una yunta de amores.

Me pareció oír tu voz ―zureo de palomas―

y estremeció en mi pecho el olor del incienso.

Tu corazón de adviento

latía sobre nuestro silencio enamorado.

¿Qué mejor sintonía que la de la entrega?

Amadamente acunado, tomé el pan en mis manos

como quien porta el don de la fertilidad.

Después, al alumbrarme,

el mundo se detuvo a un paso del altar:

mi alma entró con buen pie a tu preñez gloriosa.

La ternura cayó sobre mis labios,

se amancebó el maná con la saliva,

y en la tierna mudez de mi lengua

se gestó la sustancia sagrada de tu fruto.

Antonio García Pereyra

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